
April 30, 2026
Profesora de química y caza criminales: La extraordinaria vida de Mary Louisa Willard
Descripción del episodio
“La única vez que vi algo que me pareció anormal… había un brazo humano en el refrigerador”, dijo J. Peter Willard sobre su tía, Mary Louisa Willard. Por lo demás, insistió, era “muy normal.” Pero Mary Louisa Willard, profesora de química en la Universidad Estatal de Pensilvania a finales de la década de 1920, dejó una fuerte impresión en la mayoría de las personas. Su ciudad natal, State College (Pensilvania), la conocía por detener el tráfico en su Cadillac rosa para saludar a sus amistades, y por organizar fiestas de cumpleaños para sus queridos perritos cocker spaniels. La policía la conocía por su oficio secundario: usar la química para resolver crímenes.

Laura Gómez es una actriz mayormente conocida por su papel de Blanca Flores en la exitosa serie de Netflix “Orange Is the New Black”. Más recientemente ha destacado el cine español con “Upon Entry,” y “Mariposas Negras”, ambas nominadas a los Premios Goya, así como la película mexicana “La Cocina,” protagonizada por Rooney Mara. Laura ha protagonizado, escrito y dirigido varios cortometrajes y es además una consumada podcastera, habiendo narrado el aclamado podcast “Corinna y el Rey” en España, y actuando como anfitriona y productora de su propio podcast, “Baraja Eso”.

Sarah es reportera y productora de audio en NPR. Su trabajo también se ha transmitido en 99% Invisible, The World from PRX, APM y otros podcasts.

Elah es periodista, productora y editora de audio. Su trabajo ha aparecido en Science Friday, Undiscovered, Science Diction, Planet Money y en varios programas varios programas de la radio pública canadiense (CBC).

Laura Gómez es una actriz mayormente conocida por su papel de Blanca Flores en la exitosa serie de Netflix “Orange Is the New Black”. Más recientemente ha destacado el cine español con “Upon Entry,” y “Mariposas Negras”, ambas nominadas a los Premios Goya, así como la película mexicana “La Cocina,” protagonizada por Rooney Mara. Laura ha protagonizado, escrito y dirigido varios cortometrajes y es además una consumada podcastera, habiendo narrado el aclamado podcast “Corinna y el Rey” en España, y actuando como anfitriona y productora de su propio podcast, “Baraja Eso”.

Sarah es reportera y productora de audio en NPR. Su trabajo también se ha transmitido en 99% Invisible, The World from PRX, APM y otros podcasts.

Elah es periodista, productora y editora de audio. Su trabajo ha aparecido en Science Friday, Undiscovered, Science Diction, Planet Money y en varios programas varios programas de la radio pública canadiense (CBC).
J. Peter Willard, sobrino de Mary Louisa Willard.
William Herron, consultor forense en procesos post-condena, voluntario en el Innocence Project Delaware y ex-profesor asociado de química en Neumann University.
Bruce Goldfarb es ex-asistente ejecutivo del Jefe Médico Forense del Estado de Maryland y autor de 18 Tiny Deaths: The Untold Story of Frances Glessner Lee and the Invention of Modern Forensics.
Lecturas adicionales:
18 Tiny Deaths: The Untold Story of Frances Glessner Lee and the Invention of Modern Forensics, de Bruce Goldfarb, Sourcebooks, 2020.
OCME: Life in America’s Top Forensic Medical Center, de Bruce Goldfarb, Steerforth Press, 2023.
Labors & Legacies: The Chemists of Penn State 1855–1947, de Kristen A. Yarmey, The Pennsylvania State University, Department of Chemistry, 2006. See pages 109–110 and 149–150.
“Penn State alumnus endows Mary Willard Trustee Scholarship,” Penn State, 2009.
Transcripción del episodio
Profesora de química y caza criminales: La extraordinaria vida de Mary Louisa Willard
Laura Gómez: Imaginen esto: estamos en el edificio de química de la Universidad Estatal de Pensilvania, en la década de 1940, y una mujer camina por el pasillo, sosteniendo un pollo muerto.
A ambos lados de ella marchan dos agentes de policía, que también sostienen… adivinen… pollos muertos. Se supone que estas aves son víctimas de asesinato, y la mujer que está siendo escoltada por el pasillo es la presunta asesina. Está indignada. Ella insiste en que es inocente.
Tras unos pasos, la mujer y los policías llegan a la habitación 101. Abren la puerta para encontrar un espacioso y soleado laboratorio rodeado de varios estantes con botellas de vidrio que cubren las paredes. En los bancos del laboratorio hay distintos tipos de microscopios de aspecto costoso. En medio de todo eso, una profesora de baja estatura y pelo blanco está sentada en un escritorio estudiando minuciosamente unas cuantas hojas de papel.
En ese momento, uno de los policías se aclara la garganta y dice: "Doctora Willard, necesitamos su ayuda".
Esto es Lost Women of Science: Mujeres Olvidadas de la Ciencia. Soy Laura Gómez. Hoy les traemos la historia de Mary Louisa Willard, o “Lady Sherlock”, como la llamó un periódico. Era una profesora de química que consiguió un trabajo adicional como criminóloga forense y pronto estaba ayudando a las fuerzas del orden a investigar todo tipo de casos, desde falsificaciones hasta homicidios, utilizando la ciencia de vanguardia de su tiempo. Este episodio es una adaptación de uno anterior que se emitió por primera vez en inglés en 2024.
Laura Gómez: Mary Willard fue ante todo una profesora de química. Y su historia realmente comienza en la Universidad Estatal de Pensilvania, que es donde literalmente nació y se crió. Nació en una cabaña en el campus de la universidad, a tan solo unos cuantos metros de donde algún día estaría su laboratorio. Y su familia estaba profundamente arraigada en la historia de Penn State.
J. Peter Willard: Mi nombre es James Peter Willard, y Mary Willard era mi tía.
Laura Gómez: James Peter Willard generalmente se hace llamar Peter. Ahora vive en el estado de Nueva York, pero creció cerca de la Universidad Estatal de Pensilvania, no lejos de su tía. Y la recuerda como una persona extremadamente normal.
J. Peter Willard: Yo nunca diría que ella se pensara asi misma como la gran cosa, ni nada por el estilo. Ese tipo de actitud nunca se le notó.
Laura Gómez: Pero si lees algo sobre Mary, la mayoría de las personas que la conocieron la describen como cualquier cosa menos normal.
Incluso en su obituario en el periódico local, hubo media docena de personas entrevistadas y la mayoría tenía un recuerdo gracioso para compartir sobre ella.
Muchos mencionaron su auto, ese legendario Cadillac rosa, y también cómo lo conducía. Alguien dijo que Mary tenía que mirar a través del volante en lugar de por encima de él porque medía sólo 1 metro y medio de altura. Alguien más dijo que cuando la veías conduciendo por la calle, se detenía en medio de la carretera si veía a alguien conocido y detenía completamente el tráfico para saludar y ponerse al día con esa persona.
Tenía toda una letanía de colecciones y aficiones interesantes. Como su jardín de rosas, en el que cultivaba 96 especies diferentes de rosas. Y se rumora que una vez también cultivó marihuana en su jardín para experimentos policiales.
Nunca se casó ni tuvo hijos, pero lo que sí tuvo fueron perros cocker spaniels.
J. Peter Willard: Le encantaban. Organizaba fiestas de cumpleaños para ellos. Y venía todo el barrio; desde los vecinos de al lado hasta los que vivían a lo largo de la calle.
Laura Gómez: Aunque Mary también tenía su lado serio y estudioso. A finales de la década de 1920, era profesora de química en una época en la que este tipo de oficios rara vez estaba ocupado por mujeres.
Mary provenía de una familia académica. Creció en el campus de Penn State cuando el área circundante eran principalmente campos abiertos. Y su padre, Joseph Moody Willard, era profesor de matemáticas en la universidad. De hecho, hoy en día hay un edificio que lleva su nombre en el campus.
Cuando Mary era pequeña, los Willard solían recibir a estudiantes y profesores visitantes que necesitaban alojamiento. Así que los niños Willard crecieron en un ambiente realmente estimulante intelectualmente hablando. Y en 1921, Mary se convirtió en una de tres mujeres en graduarse de Penn State con una licenciatura en química.
Posteriormente obtuvo una maestría y un doctorado en química orgánica en Cornell. Y después de regresar a Penn State en 1927, se convirtió en una de las cuatro mujeres que enseñaban en los departamentos de química y agricultura química. Esto quizás no parezca algo extraordinario según los estándares de hoy, pero contar con cuatro mujeres docentes en estos departamentos fue bastante importante en aquel entonces. Aunque dentro de la familia Willard, aparentemente esto no era una gran hazaña.
J. Peter Willard: Nunca escuché, cuando era pequeño, que no todas las mujeres tuvieran un doctorado. Eso era normal, no se comentaba. O sea que no era gran cosa.
Laura Gómez: Pero fuera de la familia Willard, ese no era comúnmente el caso. ¿Conoces esa expresión que dice que, como mujer, a menudo tienes que ser el doble de buena que un hombre para llegar a la mitad de lejos? Pues bien…
Bill Herron: …Cuando Willard hizo esto, fue como multiplicarlo por 10.
Laura Gómez: Ese es Bill Herron. Solía enseñar química en la Universidad Newman en Pensilvania. Actualmente trabaja voluntariamente como consultor forense para el Proyecto Inocencia de Delaware. Y dice que Mary tuvo que ser absolutamente brillante para llegar tan lejos como lo hizo.
Cuando Mary estaba haciendo su maestría y doctorado, se interesó mucho en la microscopía, que en su forma más básica es simplemente mirar las propiedades físicas de algo bajo un microscopio. Pero también se estaba convirtiendo rápidamente en una experta en microscopía química.
Bill Herron: La microscopía química implica utilizar el microscopio como escenario y potencialmente observar las propiedades químicas y físicas de cualquier pequeña mota de polvo que haya allí.
Laura Gómez: Eso podría significar, por ejemplo, añadir sustancias químicas a una muestra en la platina de un microscopio... y luego observar cómo reacciona.
Bill Herron: Lo estás haciendo en la platina del microscopio con una pipeta diminuta. Y al aparecer no puedes ni tomar café porque si te tiembla la mano, se desarma todo.
Laura Gómez: Se puede utilizar este proceso, de observar estas reacciones químicas con minucioso detalle, para determinar qué sustancias —qué elementos— componen una muestra.
Lo cual, como podrán imaginar, podría resultar bastante útil si estuvieras intentando realizar un análisis forense.
La ciencia forense es básicamente la aplicación de una disciplina científica o pruebas científicas para resolver crímenes. Y aunque hoy en día, todos hemos oído hablar de las investigaciones de la escena del crimen, en la década de 1920, esto realmente no sucedía del modo en que ocurre en el presente.
Bruce Goldfarb: La ciencia forense es en realidad bastante antigua. O sea, puedes remontarte muy, muy atrás, hasta las pirámides, o incluso hasta el código de Hammurabi.
Laura Gómez: Bruce Goldfarb es un autor que ha escrito sobre la historia de la ciencia forense en los Estados Unidos.
Bruce Goldfarb: Pero no ha sido hasta hace relativamente poco que han existido las herramientas científicas necesarias para serlo de una forma realmente válida desde el punto de vista científico.
Laura Gómez: Bruce dice que hubo un punto de inflexión en la manera en que se investigaban las muertes en los Estados Unidos, y ocurrió al final de la Primera Guerra Mundial, justo en la época en la que Mary Willard era estudiante universitaria en Penn State.
Hasta este punto, la gran mayoría de las investigaciones de muerte eran realizadas por forenses, que emitían un juicio determinando si creían que alguien había muerto por causas naturales o había sido asesinado, y luego convocaban a un jurado de adultos, es decir, personas comunes, para votar sobre si se trataba de un asesinato o no.
Bruce Goldfarb: La forma original de hacerlo era básicamente una colaboración colectiva para investigar muertes. Y luego, en 1877, surgió un modelo médico, en Boston primero. Designaron al primer médico forense para que se encargara de realizar esa investigación sobre la muerte.
Laura Gómez: Pero aún después de que ese examinador médico empezará a trabajar en Boston, la mayor parte del país todavía estaba en el sistema antiguo. Así que gran parte de las investigaciones sobre muertes todavía se hacían a simple vista en lugar de investigarse científicamente.
Bruce cuenta que al finalizar la Primera Guerra Mundial, había sucedido un par de cosas importantes. En primer lugar, la guerra había producido algunos avances técnicos relevantes.
Bruce Goldfarb: Se hizo mucha investigación sobre gases nerviosos, o gases neurotóxicos, con fines militares, así que estudiaban la química y los efectos en el cuerpo, y de ahí surgieron estas cosas."
Laura Gómez: Todo esto condujo a que en 1918 se inaugurara el primer laboratorio de toxicología forense de Estados Unidos, en la ciudad de Nueva York.
Bruce Goldfarb: Era realmente muy, muy nuevo en ese momento. Y durante mucho tiempo, eso fue todo lo que había.
Laura Gómez: Llegado 1930, todavía había muy pocas ciudades en Estados Unidos con médicos forenses; las grandes eran: Nueva York, Newark, Nueva Jersey y Boston. Los Ángeles también había abierto un laboratorio forense. Pero si eras investigador policial y necesitabas a un científico para investigar un asesinato, no tenías muchas opciones.
Bruce Goldfarb: Lo cierto es que en aquella época había muy pocas personas con esa experiencia en todo el país. Era un campo emergente y simplemente no había mucha gente capaz de responder a ese tipo de preguntas.
Laura Gómez: Pero una de las personas que sí pudo... fue Mary Willard.
Bruce Goldfarb: Ella realmente estaba en el lugar correcto en el momento adecuado.
Laura Gómez: En 1930, Mary Willard trabajaba como profesora asistente en Penn State. Había empezado a hacerse un nombre en el campo de la microscopía, siendo especialmente experta en el análisis de la estructura química de alimentos y medicamentos.
Y mientras tanto, la prohibición había creado una nueva necesidad de toxicólogos forenses. El alcohol de contrabando a menudo estaba contaminado con venenos. El metanol, o alcohol metílico, era uno común. Pero también había otros.
Bruce Goldfarb: Dios sabrá qué tipo de gasolina usan, no, para diluirla un poco y darle algo más de afecto. Es como cuando compras unos de esos sobrecitos vidriados en la calle. No tienes ni idea lo que lleva realmente.
Laura Gómez: Y la gente se estaba muriendo. Así que las fuerzas del orden tenían mucho trabajo por delante. Debían averiguar qué estaba causando todos estos envenenamientos y luego, con suerte, podrían usar esa información para rastrear las muestras contaminadas hasta los contrabandistas responsables.
Pero para lograrlo necesitaban a alguien que pudiera separar las sustancias presentes en muestras de alcohol de contrabando y realizar un análisis químico para identificarlas. Es por eso que, en 1930, Mary Willard fue elegida por algunos funcionarios de la oficina de ingresos internos de Pensilvania para hacer precisamente eso.
No hay un registro detallado del primer caso en el que trabajó Mary, pero debe haber hecho un buen trabajo porque poco después, un juez de Scranton, Pensilvania, se puso en contacto con otro caso y, en poco tiempo, el teléfono de Mary sonaba casi todos los días con solicitudes de análisis químicos de todo, desde pintura hasta manchas de sangre, drogas y venenos.
Bruce Goldfarb: Ese tipo de cosas no me sorprende en absoluto, que la gente la buscará de todas partes ya que ella era una de las muy pocas personas independientes que era capaz de hacer semejante cosa.
Laura Gómez: Una y otra vez, Mary fue llamada a ayudar a resolver homicidios, incendios provocados, falsificaciones y luego, un día, una mujer entró llorando a su laboratorio, protestando porque no había matado a esos pollos. Esto, después de la pausa.
[PAUSA]
Laura Gómez: A pesar de todos los problemas intensos y a veces extraños a los que se vio arrastrada Mary, su sobrino Peter dice que ella siempre fue muy modesta, muy normal.
J. Peter Willard: La única vez que vi algo que pensé que era anormal, yo estaba en su casa y ella estaba afuera. Estaba allí solo, abrí la puerta del refrigerador y había un brazo humano dentro del mismo. Ni siquiera estaba envuelto.
Laura Gómez: Peter expresó que su tía ni siquiera hablaba de sus casos criminales... con una notable excepción: el caso de los pollos muertos.
Todo comenzó cuando 28 pollos de un granjero local cayeron muertos de repente. El granjero se apresuró a culpar a su vecina, una viuda a quien aparentemente había oído mencionar que mataría a los pájaros si entraban en su jardín. Pero la mujer insistió en que era inocente.
Así que Mary se puso a trabajar en el laboratorio. En primer lugar, habría descartado una muerte violenta. No había lesiones externas en las aves. Así que lo más probable era que la causa de muerte fuera algún tipo de envenenamiento. Y aquí es donde Bill Herron dice que Mary probablemente habría utilizado microscopía química. Comenzaría tomando una muestra del estómago de las aves.
Bill Herron: Y lo primero que hará es agregar un poco de ácido clorhídrico.
Laura Gómez: Si la muestra contenía plata, mercurio o plomo, Mary podría verlos caer de la solución líquida.
Bill Herron: Es como si tuvieras un especie de laberinto de arbustos y pudieras perderte en él. Pero lo que harás, al agregar distintos productos químicos, será eliminar diferentes secciones de estos arbustos hasta cerrar la caja que lo rodea.
Laura Gómez: Pero hasta el momento, nada. De modo que Mary habría pasado a la pregunta química número 2. Agregaría sulfuro de hidrógeno a la muestra.
Bill Herron: Y en ese caso, se eliminaban el cobre, el bismuto, el cadmio, el plomo, el mercurio, el estaño, el antimonio y el arsénico...
Laura Gómez: En este punto, Mary habría visto algunos metales pesados precipitarse de la muestra. Pero todavía no sabía exactamente cuál de esos metales estaba en su ejemplar. Así que recogía los metales, los disolvía nuevamente…
Bill Herron: …y luego se eliminaba cada uno de ellos, sumando y sustrayendo varias cosas. Ese esquema en particular, te lo puedo mostrar, pero no puedo recitarlo de memoria. Y a eso es que me refiero: Esta mujer… como que tenía un conocimiento enciclopédico a su alcance. Y los metales pesados eran los más fáciles. Cuando se trata de otras sustancias químicas, hay millones de vías, de modo que tenerlo en la punta de la lengua y simplemente hacerlo, ¡es magia!
Laura Gómez: Eventualmente, Mary redujo la muestra hasta detectar arsénico. Eso es lo que mató a las aves. Pero lo que no sabían era de dónde provenía. Regresaron a la escena del crimen y recogieron muestras de pintura de un cartel publicitario cercano al campo del granjero. Los llevó de vuelta al laboratorio, hizo más pruebas y, efectivamente: el pegamento del cartel dio positivo al arsénico. Entonces Mary concluyó que esas aves no habían sido asesinadas. Sencillamente habían consumido algo del cartel publicitario, ingiriendo un poco de arsénico, y la vecina fue exonerada.
Este es un ejemplo de un caso del que conocemos bastante. Pero hubo muchos casos distintos, la mayoría de ellos involucrando a víctimas humanas. Y Mary era algo generalista dentro de su campo. Podía hacer de todo, desde toxicología -identificar venenos- hasta un análisis espectrográfico de pintura, que, por ejemplo, podría usarse para verificar si dos muestras de pintura coincidían.
Ella no inventó todas las técnicas ni los instrumentos que utilizó en sus investigaciones. Pero fue una de las primeras personas en aplicarlas a la ciencia forense, utilizando esta tecnología -este conocimiento de la química- para resolver crímenes.
En el apogeo de su carrera, Mary Willard actuaba como perita judicial en el tribunal aproximadamente una vez al mes. Colaboró con investigaciones en todos los condados de Pensilvania. Y con el tiempo se expandió a otros estados de los Estados Unidos, e incluso trabajó a nivel internacional. Además, se hizo cargo de la mayoría de estos casos pro bono, mientras mantenía su trabajo como profesora en Penn State.
En sus documentos departamentales, realmente enmarcó su trabajo en criminología como un pasatiempo. Lo registraba casi como un dato curioso, junto a un hobby como "coleccionar antiguos mapas de carreteras." Y no es que necesariamente sus casos fueran un gran secreto, es decir, la gente estaba al tanto, pero definitivamente no andaba por ahí alardeando delante de sus amigos y familiares acerca de su trabajo secundario.
Y puede que hubiese otra razón para ello. No todos los casos en los que trabajaba eran pintorescos misterios de gallinas de campo. Testificó también en un par de juicios importantes por asesinato en Pensilvania.
Uno de ellos fue en 1953. Un hombre llamado Dan Bolish, de unos 40 años, y un amigo suyo mucho más joven, de tan solo 17, fueron contratados para prender fuego a un edificio en Scranton, Pensilvania. Supuestamente para cobrar el dinero del seguro cuando se incendiara. Pero el joven de 17 años quedó atrapado adentro después de que provocaron el incendio y más tarde murió a causa de las quemaduras que sufrió.
Entonces llamaron a Mary Willard y su laboratorio para ayudar a investigar el caso. Cuando este llegó a juicio, Mary subió al estrado como testigo experta. Hay un artículo completo sobre esto en el Scranton Tribune dedicado exclusivamente al testimonio de Mary. Al periodista obviamente le hace gracia el hecho de que sea mujer. La llaman "mujer criminóloga" y "dama científica" a lo largo del artículo, ya saben, por si acaso hemos olvidado que estamos hablando de una mujer química. Y el periodista escribió que la Dra. Willard “habló con voz clara, pronunciando sus palabras con precisión, como una profesora en una sala de conferencias”. (Lo cual literalmente era: profesora, por lo que quizá no sea tan sorprendente).
Pero, de todos modos, en el juicio, parece que ella explicó al jurado cada pequeño fragmento de evidencia física que encontró la policía y cómo lo analizó. Y gran parte de eso fue su análisis de muestras de queroseno que habían sido tomadas de la escena del crimen, del auto de Bolish y de una gasolinera cercana.
Con el propósito de comparar estas muestras, Mary utilizó una técnica llamada cromatografía de gases. Bill Herron dice que la tecnología ha avanzado mucho desde el apogeo de Mary, pero el concepto básico es el mismo. Tomas tu muestra misteriosa, la vaporizas y la pasas por un tubo largo con un detector en el extremo.
Bill Herron: Es muy parecido a una carrera a pie. Introduces una especie volátil a través de un tubo muy fino que, por falta de una mejor descripción, podemos decir que es pegajoso. Y por ello, las cosas más ligeras pasan más rápido. Las cosas más pesadas pasan más lentamente. Y luego tienes algo así como un detector. Y entonces, si registras quién pasa y en qué momento, no solo obtienes cuánto tiempo tardó en a pasar, sino también cuánta cantidad hay.
Laura Gómez: Y obtienes un gráfico con picos de diferentes tamaños, dependiendo de qué tan rápido viajó cada compuesto a través del tubo y cuánto había en la muestra. Y entonces si miras tu gráfico, puedes averiguar cuál es tu muestra misteriosa. Por ejemplo, si se trata de queroseno. O incluso qué tipo de queroseno.
Bill Herron: El queroseno no es solo un elemento. El queroseno es un grupo vago de compuestos que hierven todos aproximadamente a la misma temperatura. No recibieras el mismo queroseno cada vez que vas a una estación de servicio o una gasolinera. Es el resultado de lo que estaba más barato esa semana. Y entonces cada estación de servicio o gasolinera, incluso si tiene queroseno nuevo la semana siguiente, se verá distinto.
Laura Gómez: Y en este caso, Mary encontró una coincidencia. Las tres muestras presentaron las mismas concentraciones para todos los diferentes compuestos... conectando el queroseno en el auto de Bolish con la escena del crimen.
Bolish fue finalmente condenado no solo por el incendio provocado, sino por asesinato, ya que el joven de 17 años había muerto como consecuencia del fuego que él había iniciado. Dan Bolish fue inicialmente condenado a muerte, aunque luego su pena se redujo, en un segundo juicio, a cadena perpetua.
No tenemos ningún registro que ofrezca una idea de cómo se sentía Mary acerca del hecho de que su testimonio estaba metiendo a personas en prisión, tal vez incluso condenándolas a la pena de muerte. Pero Bill imagina que debió haberle pesado.
Bill Herron: La idea de que no le molestaba... bueno, puedo creer que ella no hablara al respecto porque lo reprimía, pero la idea de que no te trastoque la cabeza y te impacte, creo que es una tontería. Si te equivocas…podrías enviar a una persona inocente a la cárcel o liberarás a una persona culpable. No puedo imaginarme que eso no le pese a alguien.
Yo técnicamente hago esto a tiempo completo, pero probablemente solo trabajo tres o cuatro horas al día.
La razón es que si empiezo a trabajar cinco, seis, siete horas al día, no puedo dormir por la noche, te hace daño, te lleva a lugares muy oscuros porque siempre estás mirando el peor día de alguien.
Laura Gómez: Lo que sí sabemos es que Mary estaba realmente preocupada por mejorar el proceso general de la ciencia forense, especialmente cómo se recolectaba la evidencia.
Realizaba circuitos de conferencias por todo el país, hablando sobre criminología. Y en esas conferencias, argumentó que más agentes de policía deberían obtener títulos universitarios en ciencias. Consideraba que era muy importante que las personas que recopilaban y preservaban la evidencia, transportándola a la temperatura adecuada, supieran lo que estaban haciendo. Quería que supieran que su capacidad para recopilar y preservar pruebas determinaba su capacidad para procesarlas de manera justa y eficaz.
Y sentía que comunicarse bien con abogados, jurados y jueces también era muy importante. Descubrió que cuando empezaba a explicar un análisis químico con muchísimo detalle, los ojos de estas personas comenzaban a abrillantarse. De modo que ella realmente quería ver mejoras en cada paso del proceso.
Y su compromiso con este trabajo fue realmente respetado por sus colegas en la aplicación de la ley. Continuó trabajando en casos durante mucho tiempo después de jubilarse como profesora en Penn State y era una figura muy conocida en los tribunales locales. El oficial de policía con el que trabajaba incluso la eligió como miembro honorario de la Orden Fraternal de la Policía de Pensilvania.
Pero Mary siempre se vio a sí misma, ante todo, como una profesora. En un discurso en el que se presentó en una conferencia, comenzó diciendo lo orgullosa que estaba de serlo. Incluso después de jubilarse, continuó desempeñando funciones de oficina a los 81 años en el campus de Penn State. Y también causó una gran impresión en su sobrino.
En un correo electrónico, Peter describió a su tía como "una fuerza para el bien en todo lo que emprendía".
J. Peter Willard: Cada vez que la veía me parecía que era así. Con ella siempre había un sentimiento de "Hacer el bien, y todo estará bien". Y eso se aplica a su Cadillac rosa, a sus perros, y a todo lo demás.
Laura Gómez: Mary Louisa Willard no tiene un edificio que lleve su nombre en el campus de Penn State como lo tiene su padre. Pero en 2009, uno de sus antiguos alumnos, ya fallecido, creó una beca en su nombre. Y la forma en que habló de ella fue realmente hermosa. Dijo: «Me gustaba la Dra. Willard como profesora y como persona. Siempre tenía tiempo para uno, y te prestaba toda su atención. La Dra. Willard era mucho más que una simple profesora».
Laura Gómez: Este episodio de Lost Women of Science fue producido originalmente en inglés por Sarah Wyman, con la ayuda de la productora senior Elah Feder.
Yo traduje y adapté el episodio al español. David De Luca adaptó el diseño de sonido. Samia Bouzid fue nuestra productora senior. Natalia Sánchez Loayza, nuestra productora asociada. La gerente de producción senior fue Deborah Unger.
Nuestras coproductoras ejecutivas son Amy Scharf y Katie Hafner. Nuestra directora de programa es Eowyn Burtner.
El episodio original fue copresentado por Sarah Wyman y Carol Sutton Lewis. El diseño de sonido estuvo a cargo de Hansdale Hsu. Nuestra verificadora de datos fue Lexi Atiya. Lizzy Younan compuso toda nuestra música.
Un agradecimiento especial a la Sociedad Química Estadounidense, al Departamento de Química de Penn State, a Dan Sykes, a Sue Barr y a Linda Del Monaco Willard.
Lost Women of Science está financiado en parte por la Fundación Alfred P. Sloan y la Fundación Anne Wojcicki. Distribuido por PRX.
Puedes encontrar más información y una transcripción de este episodio en lostwomenofscience.org. Soy Laura Gómez. Gracias por escuchar.
